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  - El control de los de abajo   Sobre el cielo de la ciudad   lo más emocionante   que se puede ver   son  satélites .   La humanidad   gravitando por el  cosmos   como una lata,   escondiéndose entre las estrellas   de nosotros mismos.  
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-Deseo

Hay que tener suerte   para levantar la vista   en el instante que un pedazo de roca   entra  en la atmósfera.   Ver caer  de un cielo de diamantes   una bola de fuego   como si eso   pudiera cambiarnos la vida.    

- El jardín del conurbano

Los niños de harina   sacuden sus pies   al ritmo de La Matanza   cruzando la cordillera de indiferentes.   Así como lo hizo el Ejercito de Los Andes   del General San Martín   donde vivió José Hernández   y nació Martín Fierro.   En San Justo buscan al santo   entre el humo del furgón   y de las ollas que sazonan la suerte   para que coma la  Carcova  y cante Gardel.   ¡Ay! Santos Lugares   dónde se esconde la victoria   de las casas sin revoque,   las calles de barro,   los techo de cartón   y la esperanza   que florece en primavera   y en verano,   en invierno   y en otoño   sobre el jardín del conurbano.  

Sazonando la ruta

De algún modo los vínculos y la comida   se relacionan.   Nos dan energía,   nos ayudan a crecer,     siempre tenemos una preferida.   Un almuerzo o una cena    suelen ser la mejor excusa    para que la cumbia y la cerveza   sigan girando como los vínculos,   que lejos de marearse    se acomodan.  

-INTERMITENTE

Arriba,   en la porción mezquina de cielo   sobre mi cabeza   hay estrellas que para verlas   es necesario hacer un esfuerzo descomunal.   Pero ahí están,   como todo aquello que por tibio   parece inexistente.  

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Quiero estar   por el simple hecho de vivir   no pensar en la productividad del tiempo.   Observar los árboles   caminar sin rumbo   mirar el cielo.   Quiero levantarme   y  que ningún invento del hombre exista   más que la música y el amor.